Cuando un equipo realiza un juego vistoso y alegre, se ha impuesto como lugar común en el fútbol decir “Juegan como Brasil del 70”. El Mundial de México, maravilla de organización y colorido, supuso la entronización definitiva de la selección canarinha en la cumbre del balompié, tanto por número de campeonatos ganados como por la calidad de su fútbol. Tras esta copa quedó claro que cuando los brasileños juegan realmente bien, nadie puede hacerles sombra. Quizá sólo la selección de Hungría en el 54 aguantaría la comparación con la que presentó el Lobo Zagallo en el torneo azteca.
Pelé, máxima estrella del fútbol, llegó a México con 29 años, en plena madurez como futbolista. A su alrededor, Brasil reunió un ataque de ensueño, con el zurdo Rivelino y sus pases de 40 metros que le valieron el apodo de el Mago; Eduardo Gonçalves “Tostao”, un prodigio técnico con especial habilidad para aguantar el balón y jugar de espaldas, y Jairzinho, un rematador de primera clase. Gerson, un prodigio de competitividad y clase, movía al conjunto desde el medio centro, con Clodoaldo de complemento, y marcaba la línea una estupenda defensa donde destacaban Carlos Alberto, excepcional lateral derecho clásico brasileño, y el cierre Hércules Brito.
Fuente:ttp://www.notasdefutbol.com


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